El Hijo de la Noche [4/*] - Foro Anime
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Viejo 16-nov-2008   #1
Predeterminado El Hijo de la Noche [4/*]

Título: El hijo de la Noche

Advierto lo mismo que dije en "Té para Tres". Este fic lo publico en narutospain.com, en un foro que tengo con unos amigos y en un clan netlog, por lo que no se alarmen si lo ven. En el clan netlog, en mi foro personal, en narutospain.com, siempre soy Moichatelas, así que si ven a alguien publicando esto y no es Moichatelas, ¡golpeenlo por mí! ^__^

Categoría: Suspenso, Acción, Psicológico

Recomendado: +16 Con algo de lenguaje adulto.

Personajes Principales: Fijuki Len, Yamazaki Nara.

Estado: En curso

Nº de Capítulos: 4 hasta el momento

Sumario:

Capítulo 1: El Fantasma de Fijuki Len (Post #0)

Alerta de Spoiler
Len se muda a su lugar natal, luego de un accidente, pero encuentra un problema del que no puede escapar, y que podría costarle la vida.


Capítulo 2: Aceptando un destino (Post #1)
Alerta de Spoiler
Len comienza a aceptar los hechos y debe pelear para vivir, o dejarse llevar por los problemas.


Capítulo 3: Yui, la belleza del vestido azul. (Post #2)
Alerta de Spoiler
En busca de una pista que consigue Nara, Len visita un club nocturno donde no sólo se enterará de algo horrible, sino que también conocerá a Yui, quien trabaja allí contra su voluntad.


Capítulo 4: La misma desición de hace un año atrás. (Post #8)
Alerta de Spoiler
El título lo dice todo. Len tiene la oportunidad de demostrarle a "su lado Nara" cómo se hacen las cosas "correctamente. Pero... ¿podrá hacerlo?


Comentarios del Autor:
Alerta de Spoiler
Me llamo Leandro (alias Moichatelas), y este es mi segundo FanFic (el primero es “Té para tres, Naruto Sasuke y Sakura”)
Este Fic intenté hacerlo entretenido, pero a su vez no podía hacerlo muy simple, ya que la historia de por sí, encierra muchos misterios. Trato de enfocarme en la mente de los personajes principales porque que es el campo donde se generan la mayoría de los problemas de Len y Nara. Sin embargo, los problemas externos tampoco son livianos y esa es la línea de la historia… ¿Qué será peor, sus problemas internos o la delicada situación en la que se encuentran?
La idea de esta historia la venía trabajando hace tiempo, y pretendo que tenga una base sólida, en donde con el tiempo se pueda ver que no solo el presente y el futuro de la historia son interesantes, sino que también el pasado juega un papel clave para entender lo que pasa y lo que puede pasar, dándole así al lector una importante sensación de realismo con el correr de los capítulos.

Antes de empezar, algunos datos del protagonista:
Len Fijuki (o como me gusta poner a mí, Fijuki Len) es una persona de un metro setenta de altura, y contextura delgada. Es mitad japonés, mitad estadounidense, y eso explica su cabello rubio y sus facciones occidentales. Vivió siempre en Japón, nació en un pueblo dentro de la prefectura de Hokkaido, un lugar bastante tranquilo con una hermosa bahía. Nació el 13 de Octubre de 1980, por lo que en el año en que se desarrolla la historia, es decir, 2007, tenía 27 años.
El 13 de Octubre de 2006, día de su vigésimo sexto cumpleaños, Len tuvo un accidente y quedó internado en un hospital general de Fukuoka, cuidad donde estudió y se recibió de psicólogo en ese mismo año. Con respecto a su accidente, Len no recuerda cómo fue. En el hospital tan sólo tenían informes de que había sido por un accidente automovilístico. A causa de eso, tuvo y sigue teniendo síntomas amnésicos moderados, lo que significa que hay cosas de su pasado que no recuerda muy bien. También, sufre de migrañas, trastornos en el sueño, cansancio, contracturas y suele tener episodios de desconcentración, o, en última instancia, desmayos. Dentro de su billetera, encontró un recibo y una folleto de un complejo habitacional en Hokkaido, y aunque no lo recordaba, estaba bastante claro que él había comprado un apartamento en ese lugar. Sin recordar algunas cosas (por ejemplo, con qué dinero compró aquello) decidió que sería perfecto mudarse a su pueblo natal, para ejercer su profesión en un lugar considerablemente más tranquilo. Es una persona que generalmente le escapa a los conflictos, o no los encara de manera directa. Muy inteligente, se relaciona con el mundo indirectamente, y pretende pasar desapercibido.



Capítulo 1: El Fantasma de Fijuki Len

Alerta de Spoiler
«Solíamos ser un gran equipo andando juntos… durante la madrugada, decidíamos la suerte de las personas que considerábamos nuestro objetivo. Silenciosos, metódicos y, si la situación lo requería, sádicos. Sin pistas, trabajando con precisión de cirujano, ni nuestra sombra podía seguirnos. De esta manera prestábamos nuestros servicios al mejor postor, y realizábamos trabajos que nadie más podía o se atrevía hacer. A medida que nuestra fama y reputación crecía, las historias que se escuchaban en las esferas del crimen, la política y las organizaciones gubernamentales se tornaban cada vez mas fantasiosas. Decían que, según lo que se nos pedía, podíamos “silenciar” o “llevar a un verdadero infierno” a cualquier objetivo, como una armónica combinación de los Dioses gemelos del sueño y la muerte[1]. Sin embargo, un accidente nos separó y a los ojos de los demás, desaparecimos sin previo aviso. Hasta ese momento nos llamaban… El Hijo de la Noche»

Una vieja y oxidada Ford modelo F-100 atravesaba el corazón de unos grandes maizales que brillaban plateados con la luz de la luna, y en la caja de aquella camioneta, viajaban dos personas que sufrían el mismo despiadado frío de pleno invierno. La mano izquierda de Len estaba congelada, pues ni el frío ni el viento le impediría fumar. Justo enfrente suyo se encontraba un tipo que había hecho Autostop antes que él… era el doble de su tamaño y de no ser porque Len era rubio, le habría parecido que tenían el mismo cabello… algo corto y con picos en direcciones extrañas, como alguien recién levantado de la cama. La chaqueta militar algo desgastada y la mirada fija de aquel tipo incomodaban a Len, que se prendía un cigarrillo tras otro.
Ya habían recorrido bastante trecho cuando el hombre le habló a Len por primera vez. Su voz amistosa no iba muy bien con su aspecto de gamberro desalineado, ex combatiente de sólo Dios sabe que guerra, y en verdad que Len no estaba de humor para entablar una conversación en ese momento y con una persona tan extraña. Su cuello contracturado y el sueño que sentía lo habían puesto de muy mal humor, sin embargo, consciente de que era una falta de respeto no contestarle, habló con él.

-Oye –comenzó el musculoso- hay un largo trecho de aquí hasta donde sea que vayas… ¿por qué no me cuentas algo? ¿Adónde vas?

-¿Qué sentido tiene preguntar algo que de todas formas no quieres saber? –contestó Len.

-¡Ah mira, el principito tiene lengua después de todo! –el tipo de la chaqueta militar parecía complacido de sí mismo- pero sabes… rasgos delicados, traje de marca, lindos zapatos… alguien así por estos lugares haciendo auto-stop no es muy común, pareces un corredor de la bolsa de Tokio, ¡algo te traes!

Len se sintió inquieto, como si reconociera a aquella persona. Sin embargo, definitivamente no tenía ni idea de quién era. Al mismo tiempo, un sudor frío le corría por las palmas de las manos... Mientras que pensaba eso, aquel hombre tan misterioso se cansó de esperar respuesta y dejó de mirarle al fin…

-Me llamo Fijuki Len, me dirijo a la Prefectura de Hokkaido, donde nací –dijo al fin.

El otro tipo reaccionó de manera extraña: sonrió, como cuando a una persona le cuentan un mal chiste y no desea quedar mal. Eso también le daba el aspecto de alguien inusual, de alguien impredecible.

-¡Oh! Así que es eso ¿eh? Ya veo… bueno, soy Yamazaki Nara, un gusto. Sabes… ¡no deberías fumar tanto, niño!. Pero dime… ¿por qué Hokkaido?

-Conseguí un buen lugar para abrir mi consultorio… soy psicólogo –contestó Len de mala gana. ¿Qué le importaba a ese tipo?

-Entiendo –dijo Nara alzando las cejas- eso explica tu vestimenta. ¿Es tu primera vez ejerciendo?

-Pues sí –contestó Len, y cada vez que hablaba lo hacía con un tono monocorde, desganado- …hasta ahora no había podido pasar las pasantías –al decir esto, Len supo que no debió haberlo dicho.

-Jaja, ya veo –se rió el musculoso y le guiñó un ojo- … ¿Qué pasó? ¿Intentaste ligarte a las pacien...

-Hablas mucho –le interrumpió Len.

-Si, ya me lo habían dicho antes. Pero sabes… ¡tú hablas muy poco!

-Sí, ya me lo habían dicho antes.

De golpe, la camioneta comenzó a tambalear sobre los desniveles de un puente y las luces de Hokkaido aparecieron, tenues pero destacadas en el horizonte. El viejo granjero que los recogió les gritó “Veinte minutos” desde la cabina del conductor. Desde aquel momento ya no hablaron más. «Muy bien –pensó Len- veinte minutos más y me deshago del fortachón parlante». Sin embargo, luego se daría cuenta de que estaba equivocado.

Una hora y treinta minutos después, sin nadie que lo moleste, Len se detuvo en la luminosa acera de una torre de departamentos, llevando un pequeño bolso negro con él. Sacó del bolsillo de su traje oscuro una pequeña tarjeta y comparó la fotografía de propaganda con aquel sitio… era allí, era el mismo amplio complejo habitacional con conserjería y servicio de comidas en la PB[2]. Veinticinco pisos de departamentos que, según los catálogos, eran amplios y con grandes comodidades.
De a poco caminó con sus elegantes zapatos hasta la espaciosa recepción y se anunció ante el portero. Unos minutos después, caminaba por los pasillos del tercer piso con la llave del departamento 3-03, es decir, el tercero del tercer piso. Al doblar en una esquina lo encontró… la puerta era de acero inoxidable tal y como lo había visto en el catálogo de inmuebles. Al momento de entrar, se alegró al ver lo parecido que era todo a la foto que había visto anteriormente… era realmente cómodo: un buen horno, fregadero, un gran refrigerador, una barra que separaba la cocina de la sala (y servía como mesa también) un sillón cama color vino, las paredes y las cortinas blancas… vista al jardín posterior de hotel, y yendo hacia la izquierda el baño amplio y la habitación con la cama de dos plazas y media.
En esa habitación, en esa cama, Len se desparramó pensando que cuando se despertara, tendría que colgar el cuadro con el título de la universidad, poner un aviso en el periódico, visitar su antiguo pueblo y definitivamente… hacer algo con el olor a humedad.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

A las doce del mediodía del día siguiente, Len despertó a medias, sin abrir sus ojos todavía y sintió la misma sensación de todas las mañanas en su boca. Tragó saliva varias veces… el gusto amargo como de café rancio lo despertó un poco más, para darse cuenta de que la habitación… incluso sus dedos, hedían a tabaco. Este era el único momento en el día en que deseaba y se prometía de manera falsa, dejar de fumar. Como todos los días, luego del desayuno, olvidó su promesa.

Colgó, efectivamente, su título en la sala, y pensó que el sillón morado era muy bueno para que los pacientes se recuesten. Saldría de paseo, era un sábado soleado y hasta las tres estaba abierta la oficina del periódico, para el clasificado donde dejar su número y dirección a eventuales pacientes. Luego, tendría el resto de la tarde para recorrer el pueblo donde se había criado, y donde había decidido comenzar nuevamente. Después del accidente en la ciudad de Fukuoka, del que nada recordaba, a menudo tenía muchos “días malos”, con cansancio mental extremo, contracturas musculares y grandes dolores de cabeza… necesitaba ejercer en un lugar tranquilo y sin tanta presión.

Luego de pasar todo el día en aquel agradable pueblo a las afueras de Hokkaido, disfrutando de ver los veleros en el mar y visitando lugares que solía recorrer, volvió al departamento con un dejo de melancolía. «En otros tiempos- pensó- la llegada de alguien se sabía en unos minutos… una cuidad pequeña donde las noticias corrían rápidamente, pero hoy… nadie ha notado mi presencia.»

Atardecía anaranjado en la cuidad, podía verse desde la ventana de la sala. Ahora su traje negro colgaba del armario, junto con sólo un par de mudas de ropas más. Aunque no se sentía cómodo con jeans y camiseta, no podía estropear el traje que usaría en horas de trabajo. En cuanto comenzara a trabajar armaría un fino guardarropas y compraría la chapa de licenciado para colocarla en el portero eléctrico del edificio, justo junto al cartel de "Piso 3"

Fue cuando estaba pensando aquello, que llevándose quizá el susto de su vida, Len sintió algo duro y frío que hizo un "clic" junto a su cuello. Había terminado de cambiarse ya, pero una de las puertas del placard, la que contenía un espejo en la cara interna, estaba todavía abierta. Por eso fue que supo quién era el que le hacía compañía en aquella habitación. Sin taparse la cara, incluso con la misma ropa del día anterior, Nara, el tipo con el que había viajado en aquella oxidada camioneta le apuntaba a la cabeza con una Parabellum nueve milímetros plateada.

-Bueno, niño listo… -dijo el armado- espero que hayas pensado que haremos en el tiempo que te di ayer. Pero primero, quisiera preguntarte algo que me ha estado rondando en la cabeza mucho tiempo, y ya que no me lo cuentas tú, tendré que sacártelo a la fuerza...

Len no pudo mover siquiera un músculo, aunque tampoco lo había intentado. Pasaron treinta largos segundos en donde sólo se escuchó el traqueteo del ferrocarril, arrastrado hasta allí por el viento. Petrificado, el joven licenciado escuchó la pregunta de Nara.

-¿Dónde está ella ahora? -preguntó con firmeza.

-Tranquilo, tranquilo… -logró decir Len al fin, aunque con dificultades- m-mira… no tengo mucho dinero pero toma todo lo que tengo -aunque decir esto sólo le valió un culatazo en la ceja, cayendo al suelo.

-¡Que extraño! –Rió Nara y agachándose se acercó a Len, le tomó el pelo y le levantó la cabeza ensangrentada mostrándole la pistola- un hombre tan inteligente como tú no entiende cuando le hablan…

-No sé… no sé que es lo que quieres decir… –respondió Len, jadeando y desconcertado. La sangre salía a borbotones… las cejas sangran mucho y rápido, y su camiseta de color amarillo “bebé” comenzaba a empaparse de color vino.

Para aterrarlo, o simplemente por jugar, Nara daba unos pequeños golpecitos en la frente del rubio con el cañón del arma, mientras le hablaba. Sin embargo, comenzó a notar que ando andaba mal con respecto a Len. Ni se resistía, ni parecía ser de los que no puedes amedrentar. De hecho, estaba muy asustado.

-Yo pensé que esta herramienta –mirando el arma- además de llenar de agujeros a algún idiota, servía para que la gente abriera bien las orejas y escuche, pero se ve que ya no sirve para eso…

-P-por favor, en serio –se desesperó Len- llévate lo que quieras pero en verdad… ¡no sé de qué hablas!

-Pues bueno, si no sirve para que escuches y entiendas pues… tiene un solo uso –dijo Nara levantándose y apuntando directamente a la cabeza del agazapado Len.

-N-¡No!, t-te te estoy d-diciendo la verdad…

-¡¡Deja de jugar imbécil, que no estoy de humor para la bromilla de "no se quien eres"!! –Vociferó Nara estallando en furia- ¡por amor de Dios, tu sí que no sabes cuando detenerte! ¿Cierto? –El hombre paró para tomar aire y luego siguió gritando de tal manera que escupía saliva- ¡Te seguí el juego en la camioneta, te di todo este tiempo para que pensaras que hacer, pero ya se me agotó la paciencia! ¿¡Tengo que recordarte quién es la mujer que secuestramos para que entiendas hasta dónde nos metimos esta vez, niño listo!?

Tal era el silencio que había afuera, que incluso el ruido del tren del pueblo vecino era más audible que antes. El cerebro de Len estaba tan aturdido como si le acabaran de pegar con una sartén en la cabeza… aunque tenía esperanzas de que, con suerte, ese silencio y los gritos del psicópata de Nara atrajeran la atención de los vecinos y llamaran a la policía.
Aquel hombre amenazador dejó de apuntarle y se tomó la cabeza con las manos, como si hubiese comprendido algo de golpe.

-No puede ser… no me digas que después de aquello, el accidente en Fukuoka… -decía para sí mismo en un susurro, mientras daba vueltas.

Len pensó que el hombre realmente necesitaría una internación psiquiátrica. Luego de escucharlo desvariar, le entendía cada vez menos. Le hablaba de un secuestro, pero ¿Qué secuestro? ¿Era posible que se esté confundiendo de persona, y que haya alguien muy parecido a él por allí, secuestrando gente con ese tipo? ¿Pero entonces, como se explica que ese tal Nara supiera lo de su accidente automovilístico en Fukuoka? Cuando cobró un poco de valor, quizás por no ver el arma apuntando a su cabeza, quizás por el aumento de la curiosidad, Len preguntó:

-¿Accidente? ¿Qué sabes tú de mi accidente en Fukuoka?

Nara le mantuvo la mirada unos instantes y se sentó en la cama. Sabía ya que Len no mentía, porque la persona que él conocía definitivamente no le tenía miedo ni a él ni a nada, y aquel chico por poco y se hacía encima… pero no quería creer entonces, que lo que estaba pensando fuera cierto.

-Así que… así es como te escapas ¿verdad? –le preguntó Nara a Len, apoyándose a sí mismo el arma en la cabeza como intentando pensar- por Dios, ¿estás creando una vida bonita para vivir tú solo? ¿Crees que vas a poder dejarme a mí con este problema?

De a poco Len se sintió con más confianza, y se incorporó un poco, aunque siguió en el suelo. En verdad no entendía nada de lo que aquel hombre le decía… un loco, eso era seguramente, una persona con desequilibrios emocionales severos. Decidió, por su propio bien, seguirle un poco la corriente y ver hasta donde podría avanzar.

-Mira, Nara… cualquier problema que tengas, creo que podríamos llegar a resolverlo juntos… recuerda que dos personas piensan mejor que una. Si tan solo desistes de matarme, yo te ayudaré y lo haremos juntos ¿vale?

Nara rió desde la cama. Le parecía gracioso ver a un confundido Len tratando de pensar con su lógica implacable y sus aires de psicólogo en esa situación, porque en realidad él sabía que el chico no entendía ni dónde estaba parado.

-No iba a matarte niño listo, no podría aunque quisiera… voy a ahorrarte muchas preocupaciones –añadió, arrojando el arma hacia el rubio- ¿así estás mejor?

Temeroso, Len recogió el arma. Le sorprendió sentirla tan sólida, tan pesada. Realmente daba una peligrosa sensación de poder que, no quería admitir, pero le gustaba. Sin embargo, era demasiado inteligente como para tentarse a hacer algo estúpido. No sabía usarla y ese tipo parecía experto, por lo que no era muy buena idea confrontarlo de manera directa. Mientras estudiaba la situación, Nara se le acercó y se agachó junto a él, colocándose frente a frente.

-Mira niño listo –le dijo mientras le agarró la cara con las manos, dejando ver por primera vez un tatuaje en la mano derecha: una mariposa negra entre los dedos índice y pulgar- nunca pensé que iba a decir esto, pero te necesito. Entiende esta situación… estoy… no –se corrigió- estamos… los dos estamos jodidos… realmente jodidos, ¿entiendes? No se qué te ha ocurrido, pero creo que a ti en especial te ha afectado bastante. De cualquier manera, lo único que no cambia es que estamos desesperada, profunda y endemoniadamente jodidos.

Len sentía las sudorosas y temblorosas manos de Nara en sus mejillas. No sabía el porqué, pero cuando le miraba a los ojos, no podía encontrar rastros de mentira en él. Por un momento dudó… sí, toda su teoría, todo lo que había aprendido en la universidad se vino abajo y dudó ¿podría ser él el que realmente no entendía?

«No –se dijo- no puede ser… el tipo esta mal»

-Perdona –dijo al fin Len- pero ¿y yo que tengo que ver en todo esto?

En ese momento Nara levantó sus pupilas y por un instante dejó los ojos en blanco como cansado de escuchar siempre lo mismo… y luego de unos segundos de silencio, le dijo:

-Porque tú y yo, niño listo... somos la misma maldita persona.


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

[1] En la mitología griega, Hypnos y Thanatos, respectivamente.
[2] PB: Planta baja.
__________________

¡Visiten mi blog de ForoAnime, que para algo escribo! >.< xD

Editado por Moichatelas en 01-dic-2008 a las 02:50 .
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Viejo 25-nov-2008   #2
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Predeterminado Re: El Hijo de la Noche [1/??]

EL HIJO DE LA NOCHE (Por Moichatelas)

Capítulo 2: Aceptando un destino (A partir de este capítulo la historia la cuenta Len, el protagonista)


Alerta de Spoiler
Ya la luna era visible desde la ventana del cuarto, y yo apenas me despertaba. Me ardían los ojos, como si en verdad jamás me hubiera acostado. Era mi segundo día en Hokkaido y “paz era lo menos que era lo último que había encontrado. Con un dolor de cabeza que parecía que se me abriría el cráneo en dos, me levanté y tomé un analgésico con mucha agua helada directa de la botella. Lo ocurrido me aterrorizaba, y quería olvidarlo lo más pronto posible, aunque algunas imágenes volvían a mí. Más contracturado que nunca, el espejo del baño me devolvía la imagen de unas ojeras enormes bajo mis ojos. Quería creer que lo que me había ocurrido había sido una pesadilla. Una muy real.

Entonces, quise despertarse un poco más. Me lavé la cara con agua fría y preparé un café bastante cargado, sin azúcar. En el ambiente reinaba un silencio abrumador, ni siquiera había prendido el televisor, o alguna luz… sólo las del resto de la ciudad se filtraban como ladrones por los ventanales de la sala. Sin embargo, unos minutos después, me sobresalte ante el llamado de mi teléfono celular. Atendí porque aunque no era un buen momento, quizás podría ser un primer cliente. Aunque lo que escuché me hizo temblar.

-Cansado ¿no? –decía la voz de Nara desde el otro lado- perdón, pero tuve que trabajar todo el día para este momento… para salvarte la vida…

En ese mismo instante, la electricidad del edificio se cortó, ya que las luces que entraban desde fuera desaparecieron. Tuve la sensación, por segunda vez, de que cuando Nara se cruzaba en mi vida, las cosas iban de mal en peor y me recorrió un miedo frío por la espalda. Tenía miedo de lo que Nara podía llegar a decirme, incluso desde aquel aparato electrónico.

-Lamentablemente, Len, estás en este baile conmigo, así que si no quieres hacer que te maten, haz lo que te digo, hazlo sin hacer ruido, y hazlo rápido.

No supe que decirle. Por el tono de voz de Nara, la situación era seria. Recordé las oportunidades de matarme que había tenido Nara, de quererlo así, y mi miedo se calmó un tanto. Decidí seguirle la corriente, y espeté un débil “bien” al micrófono del celular. Nara comenzó con las instrucciones.

-Debajo de la cama escondí tu pequeño bolso negro, recógelo y ábrelo. Hay un pequeño espejo, como los que usan los dentistas… pásalo por debajo de la puerta del apartamento y ve si hay alguien en el corredor.

Fui hasta el cuarto e hice exactamente lo que me pidió.

-No hay nadie –musité al teléfono.

-Saca el arma que hay dentro, quítale el seguro y dispárale dos veces a la cerradura del apartamento. Si todo va bien, utiliza las escaleras para bajar, y hazlo rápido. Ve hasta el estacionamiento... en el bolsillo exterior del bolso encontrarás las llaves de un auto. Acciona la alarma y verás cual es. Una vez en él, dirígete hacia la autopista. En cuanto termines, volveremos a hablar.

Por fin yo estaba a punto de soltar una queja y pedir una explicación, pero Nara había cortado la llamada. Parecía una señal, como de que no había tiempo para sus quejas u opiniones personales. Saqué del bolso la Parabellum nueve milímetros plateada que golpeó mi ceja el día anterior, le quité el seguro y con una mezcla de miedo y excitación, disparé dos veces a la cerradura. La puerta se abrió, y al salir al pasillo vi que había sido trabada desde fuera, con una barra de acero que iba desde el piso hasta la cerradura. Afortunadamente el ruido de la barra al caer no había llamado la atención de los vecinos. Bajé las escaleras como un rayo y ya en el oscuro estacionamiento, presioné la alarma junto a las llaves de auto. Un Chevrolet Camaro me guiñó y al partir, pude observar movimientos dentro del apartamento que había dejado momentos antes. Al parecer un par de hombres con linternas estaban registrándolo todo. Quien sea que me lo haya querido emboscar, había llegado tarde.

El teléfono volvió a llamar, cuando ya llevaba unas horas conduciendo por la carretera desierta y me preguntaba “¿y ahora qué?”. Desde mi accidente respetaba mucho más las normas de tránsito, por aquella razón, comencé a aminorar la marcha hasta detenerme en la banquina. La oscuridad del alrededor y la llanura que se extendía a ambos lados, me parecían un buen refugio.

-Sorprendente, ha salido todo bien niño. Pero lo que más me sorprende es que, de un día para el otro, yo paso a ser un maldito teléfono ¡Eres brillante! Ahora no puedo golpearte.

Su halago me producía asco, me sentía enfermo. No podía entender cómo estaba sucediéndome aquello. Cada vez que lo consideraba a Nara como parte de mí, comenzaba a transpirar e intentaba negarlo a toda costa… yo, que había estudiado todo tipo de trastorno, todo tipo de anomalías, ¿en verdad sufría de una de ellas? Era vergonzoso. Mi orgullo no podría resistirlo.

-Ya es tiempo de que lo asumas niño, ¿no crees? –me decía en tono burlón.

-¿¡Puedes dejar de llamarme así maldición!? –le grité enfurecido. A estas alturas mi cuerpo protestaba de dolor, sueño y malhumor. Las palabras de Nara eran insoportables, eran lo más irritante que había oído.

-Tranquilo principito, como tú digas –fue la respuesta.

Traté de calmarme, respiré hondo.

-Yo… nosotros… no deberíamos conocernos. Si tú eres parte de mí, nosotros jamás tomaríamos contacto, ¿entiendes? ¡No es así como funciona! –intenté explicarle. Pero no me sentía capaz de explicar nada, porque todo lo que había aprendido estaba deshecho.

-¿Y tú eres psicólogo? ¿Sería eso como un veterinario con rabia? –Se burló de nuevo- Sé que es como ahogarse siendo un pez, es paradójico y no debe caerte muy bien, pero piensa… sé cosas que están pasando a tu alrededor, sé lo que piensas, pierdes la memoria y la noción del tiempo y cuando duermes parece como si no descansaras… no puedes negarlo a estas alturas. Si eres tan inteligente como sé que eres, lo sabes desde nuestra charla de ayer.

Era cierto, no quería negarlo pero lo sospechaba desde que Nara me dijo que éramos la misma persona. Si era cierto, todo tendría sentido. Entendí que era el momento de afrontar los hechos e intentar comprender el mundo que me enseñaba Nara, un mundo donde corría peligro, un mundo en el cual necesitaba estar despierto, alerta y con ganas de sobrevivir. Nara era mi nexo con ese mundo y debía aprovecharlo pues no tendría ayuda posible si me negaba a escucharlo. Ahora tenía pruebas, alguien estaba persiguiéndome… y no eran inventos de un psicópata. Después de meditarlo un rato, me calmé y recuperé mis modales.

-Nara, dime exactamente en dónde estoy metido por favor –le rogué, olvidándome por un momento de que hablaba conmigo mismo.

-Lo haré, pero mientras, sigue el camino que marqué en el GPS del auto. Ya nos hemos detenido bastante, es peligroso.

Sentí que debía de hacerle caso y arranqué el coche con un rugido. Mientras viajaba a toda velocidad por la ruta desierta, escuché atentamente el relato de Len. Una vez que llegué al punto que marcó el GPS –un modesto hotel de ruta- me acosté en aquel duro colchón. Todo lo que había hablado con Nara, cada palabra, había quedado rebotando en mi cabeza, como un eco interminable. Estaba completamente aturdido, como cuando vuelves de una fiesta ruidosa y te sumerges nuevamente en el silencio… un horrible pitido y su historia se escuchaba en mis oídos.

»El gobierno protege a una red de prostíbulos en todo el país, sobre todo para turistas que fantasean con la “hospitalidad” oriental. Lo que es más sucio aún: algunas de las chicas son mujeres secuestradas a diario y obligadas a ejercer la prostitución. Pero el año pasado, principito, hubo elecciones… y el gobierno le soltó la mano a sus socios para asegurarse puntos a favor, para hacer campaña…

»Pero la organización que manejaba el contrabando de chicas comenzó a tornarse un problema para el gobierno. Comenzaban a ganar poder, a tener la posibilidad de autoabastecerse, por lo que era una bomba a punto de estallar si no hacían algo.

»Entonces, ocurrió el secuestro de la hija del primer ministro. Y… lo hicimos nosotros principito, nosotros. ¡Pero no como todos creen! Los traficantes de chicas quisieron al mejor hombre para secuestrar a la hija del primer ministro y por supuesto, nos contactaron. ¡Me imagino las caras que pusieron cuando supieron que nuestra respuesta era negativa! No trabajábamos con niños o mujeres.

»No obstante, si no éramos nosotros, iba a ser otro el que lo hiciera, así que nos adelantamos e hicimos algo muy estúpido: le contamos la verdad a la chica y nos creyó cada palabra. No parecía confiar en el padre, ni en la protección que éste pudiera brindarle... lo odiaba realmente, y prefería un secuestro a seguir bajo sus narices. Nos rogó, que la protegiésemos. Estaba tan asustada…

Era suficiente. Recorrí la habitación casi vacía con una mirada y me levanté a por el whisky barato que descansaba en la mesita del televisor. Me serví de manera impaciente... el trago me duró medio segundo.

«Estaba tan asustada…» No podía dejar de escuchar esa frase que me hacía hervir la sangre. Pensaba en esa frase de Nara una y otra vez, y a cada instante me indignaba más. Creció en mi un fuego de furia hacia el desgraciado, y, con todas las fuerzas que quedaban en mi cuerpo cansado, arrojé el vaso contra la pared opuesta, haciéndolo estallar por todo el cuarto en cientos de cristales voladores.

-¡Nara imbécil! –grité, mientras me tomaba el pelo. Por su culpa estaba en esa situación… Pero debía de calmarme. No gritaría más, porque tenía miedo de llamar la atención a la gente en los otros cuartos. Un perro había empezado a ladrar ahí afuera. «¿Simlpemente te enamoraste de una mujer y por eso yo estoy en este lío?»

Me recosté de nuevo, hasta entrar en un sueño liviano e intranquilo. Una serie de imágenes en blanco y negro cruzaban por mi cabeza a gran velocidad, como destellos de una película que había visto y olvidado con el tiempo. Una joven hermosa, alta, de cabello muy lacio y brillante saliendo de un club de deportes con falda y musculosa blanca. Estaba viéndola desde la esquina. Se despedía de unas amigas y se acercaba a mí. Llevaba un bolso donde guardaba sus raquetas de tenis. Le hablé, pero no supe entender qué era lo que le estaba diciendo. La chica sonreía… nos íbamos juntos…

Ahora, estaba con la joven que había visto anteriormente, escondiéndola en un apartamento. Me quedaba allí con ella para asegurar su seguridad, y ella lo tomaba como unas vacaciones con un amigo. El sol no tenía muchas posibilidades de entrar, pues nos estábamos escondiendo. Pero la mujer al parecer, se desvivía por darle un toque femenino a la casa y a la situación. Tampoco parecía entender la distancia que debía tomar conmigo y me coqueteaba la mayoría del tiempo.

De pronto, la escena cambió… al parecer discutíamos. La mujer lloraba. No escuchaba lo que decía, pero sabía que me estaba pidiendo no separarse de mi, y yo sabía que había estado tratando de explicarle que sacarla del país para yo quedarme a solucionarlo todo, era lo mejor.

La escena cambiaba otra vez. El coche del accidente, en Fukuoka... era la primera vez que recordaba algo de aquello. Pero nada más me reveló aquella noche.

Me desperté nuevamente. Era de día. Haría un alto en los vertiginosos acontecimientos, porque en la mesa de noche encontré una nota con mi misma letra, pero que no había escrito conciente. Anoté –mejor dicho, Nara anotó- una dirección.

Salí con el auto y pregunté por la calle a un par de personas. Un viejo pudo indicarme dónde ir: Era un club nocturno. Seguramente, Nara sabía que allí podría encontrar una pista para comenzar a buscar a la mujer. Yo no sabía que hacer al principio. Ni siquiera me importaba la muchacha. Pero de alguna manera sentía que si la encontraba, todo se solucionaría. Finalmente, me acerqué a un centro comercial. Casi adivinándolo, saqué un poco de dinero que supe que habría en mi pequeño bolso negro, y compré algo de ropa... no podría ir con un traje sucio a un lugar como ése, aquella noche.
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Editado por Moichatelas en 26-nov-2008 a las 05:57 .
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Viejo 25-nov-2008   #3
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EL HIJO DE LA NOCHE – Por Moichatelas

Capítulo 3: Yui, la belleza del vestido azul.


Alerta de Spoiler
Los adolescentes iban y venían, consumiendo drogas sintéticas en forma de pastillas, mientras bailaban convulsionados al compás del repetitivo tambor electrónico. Ostentosos por demás, (como todo en aquel lugar) los amigos del dueño se destacaban entre la multitud: donde había más mujeres y más cadenas de oro, estaban ellos. Yo los miraba algo apartado, apoyado en una barra. Parecía desentonar, porque sólo unos pocos conservaban algo de dignidad en aquel lugar, que apestaba a gangsters de mala muerte y a imbéciles que muestran a la vista de todos sus armas, sus drogas, y su mal gusto para vestir como si les diera orgullo.

Una chica que no tendría más de diecinueve años, bailaba con uno de esos desagradables sujetos. Llevaba un vestido azul, algo corto, con un corte strapless que desnudaba sus hombros y parte de su espalda. Lo llenaba de una manera verdaderamente asombrosa. Me miró. Casi inmediatamente se acercó a la barra, a mi lado. Me sentí algo inquieto al verla acercarse, porque nunca fui hábil para relacionarme con el sexo opuesto.

-¿Quieres unos masajes? –me preguntó.

-¿Qué hay con él? –contesté, señalando con la mirada al desagradable tipo que seguía espiándonos. No quería problemas antes de tiempo.

-A veces, si quiero, elijo con quien trabajar… -fue el comentario que recibí. Decidí aceptar, porque tendría una excusa para conocer aquel sector que, imaginé, sería un poco más privado. Debía de haber alguna oficina en algún lugar, o algo parecido, donde estuviera el manager.

-Llegué hoy y me voy mañana y sólo quiero pasarla bien –le contesté entonces siguiendo el juego- no creo que me haga daño, ¿verdad?

La chica me regaló una sonrisa de borrachera y me tomó de la mano con su brazo delgado y su piel tersa. Con la otra mano se llevó el trago azulado como su vestido, que le acababan de servir. Pronto me condujo hasta la parte posterior, separada del resto del lugar por un pesado telón de terciopelo rojo oscuro, como el de los teatros. Para entrar, franqueamos la abertura que vigilaba un patovica musculoso. El lugar, un tanto más oscuro, estaba separado por paneles recubiertos de una desagradable alfombra roja «¿Qué todo es de este desagradable color y esta calurosa tela? -me dije- el mal gusto, al parecer, se desparramó por el lugar entero, y no sólo por la pista de baile».
Nos hundimos en un mullido sillón, también rojo oscuro… «Al menos es cómodo». La mujer se sentó directamente sobre mí. Parecía disfrutar mientras me acariciaba, y como yo no mostraba signos de placer, parecía esforzarse. Pensé que lo estaría tomando como un desafío. Tuve que dar lo mejor de mí para concentrarme en el objetivo de aquella noche, porque, aunque me desagradaba el ambiente parecido a un sucio burdel de principios de siglo, aquella chica realmente sabía lo que hacía y con su aspecto fácilmente podría ser la perdición de cualquier hombre.

-¿Y qué buscas aquí, si sólo estarás una noche? –dijo la joven, con un actuado tono de inocencia. Tomó un trago de la bebida que había dejado en una mesa pequeña, de un solo pie central, cerca del sillón.

De pronto sentí como si mi cerebro se adormeciera. Estaba un tanto perdido en las habilidades de aquella mujer. Su tono inocente… sabía que era falso, pero eso y su cuerpo… el hecho de que me eligiera a mí y no a aquel tipo adinerado… Me parecía que, de habernos encontrado en otro lugar, quizás también habría estado interesada en mí. Me quedé sin respuesta, pensando todo aquello. La vi tomar un segundo y muy profundo trago de aquel líquido azul, con el sorbete. Sus ojos le brillaron de deseo. ¡Cómo me hubiese gustado ser una persona normal! Responderle «¿tú que crees?» a su anterior pregunta y darme un dulce consuelo en la suavidad de su trato, estando de vuelta los dos en el hotel…
Ahora masajeaba mi cabello, y pensé que quizás le llamase la atención el color rubio. Sus dos manos me acariciaban la cabeza y sus brazos presionaban de lado sus pechos, agigantándolos. Sin embargo, no era sólo eso lo que hacía que me distrajera… sino que aún en su estado sincero -a causa de la ebriedad- sus ojos parecían cristalizados, como cuando alguen está a punto de llorar. Eso, y el hecho de que combinaban en color, con el azul de su vestido y su bebida, coronaban su belleza salvaje e inocente a la vez.
De todas maneras, no era lujuria lo que me invadía. Sentí pena, una tristeza sin nombre, y no supe por qué. Cuando la veía parecía estar viendo a un náufrago que busca, incansable, alguna balsa para escapar de un infierno solitario. Me identifiqué con ella.

-Esto no se nos permite –me susurró. Me besó tiernamente, como una adolescente que besa por primera vez. Sentí el frío que había dejado aquel trago helado y dulce en sus labios, lo que generó un placer curioso en mis sentidos. Le correspondí el beso hasta que aquella sensación fresca desapareció.

Pero al separarnos la realidad me cayó encima con estrépito: por sobre su hombro pude ver cómo unos hombres subían una escalera caracol que no había advertido antes, en la oscuridad. De no ser por esos tipos, no la habría visto. Ahora sabía dónde podría estar el dueño de aquel asqueroso circo. La aparté lo más rápido que pude, sin parecer demasiado descortés. Caminé unos metros y ya había puesto un pie en el primer peldaño de la escalera, cuando me volteé sin pensarlo. Ella seguía arrodillada en el sillón, de espaldas a mí, en la misma posición en que la dejé, pero con la cabeza mirando hacia abajo. Volví con ella, porque sentí que la había dejado desamparada.

-¿No vas a preguntarme tan siquiera mi nombre? –le escuché decir amargamente - ¿tienes negocios con esa gente?

Me miró también, girando un poco su cuerpo. ¿Esa mirada melancólica sería solo por el alcohol? No pude resistirla, ni tampoco las ganas de quitarle de algún modo su angustia, aunque no fuese mi responsabilidad. No le había preguntado su nombre… ni quería hacerlo. Cuanto menos sepa de ella, y ella de mí, más segura estaría esa chica. Últimamente yo solo era un imán para los problemas.

-Vete –le dije, entregándole las llaves del coche- si en verdad quieres salir de aquí, creo que este sería el mejor momento. Vete.

La vi vacilar por un momento, suplicante. Luego tomó las llaves que le ofrecí, y salió del lugar reservado.

Se había ido ya, y me preparé para hacer lo que debía. Intenté recordar la noche de mi encuentro con Nara. La fiereza con la que actuaba, la autoridad con la que hablaba, la firmeza con la que tomaba el arma. Debía ser resuelto, cauteloso y a la vez, feroz, cuando la situación así lo requiriese. Subí despacio los escalones, tomando la parabellum plateada de mi cintura. Una vez en el rellano, manoteé el picaporte, y los encontré a todos, alrededor de una mesa. El tiempo pareció transcurrir más lento de lo normal. Tuve tiempo de contarlos, eran cuatro. Uno aspiraba una línea de cocaína formada sobre un espejo. Los otros dos hablaban con el jefe, un tipo gordo con tiradores sentado del otro lado del escritorio.

Se dieron vuelta confiados, los muy incautos. Supe que no eran más que eslabones inútiles y sin importancia, en una cadena de animales repugnantes. Aún así, sabiendo que los había cogido con los pantalones bajos, intentaron, para su mal, tomar sus armas. La feroz fuente roja no se hizo esperar, y con tres susurros sordos, se eliminaron los problemas. El cuarto disparo fue para el gordo, pero no fue su cabeza la que dio la bienvenida a mi disparo, sino su hombro. Se escuchó el ruido de un revolver caer al piso… sabía que lo había tomado de debajo de su escritorio, en silencio. El hombre temblaba por la conmoción del impacto, pero no parecía asustado. Yo, que nunca había sabido cómo se llamaba la hija del primer ministro, le pregunté:

-¿Dónde está Yöji Inoue-san?

Aquel tipo desagradable, sudoroso, con unos enormes bigotes rió, y con su risa gastada supe que no vendría nada bueno. Rió y siguió riendo más fuerte. Entonces rodeé el escritorio, le tomé de la nuca y le golpeé la frente con el filo del escritorio. Su sangre era un hilo espeso ahora, manchando su costoso traje. Después de quejarse un poco, volvió a reír, ahora más débil que antes. Dejé que se incorporara en la silla.

-¿Has hecho todo esto porque buscas a… quién? ¿Yöji Inoue? ¡Oh sí, la perra hija del primer ministro! –Decía divertido, aún con la cabeza rota- entiendo por qué la buscas… esa mujer era todo un fuego, ¿sabes? ¡Si hasta la mayoría de las veces nos hacía el “favor” sólo por gusto!

Utilicé toda mi fuerza de voluntad para no reventarle la cabeza de un balazo en ese mismo instante, pero aunque cada célula de mi cuerpo quería jalar cuanto antes el cromado gatillo y esparcir su humanidad por toda la pared de la oficina, necesitaba saber dónde estaba ella… ese tipo era la pista que había conseguido Nara. Sus dientes amarillos parecían no tener piedad, disfrutando extasiado por lo que diría a continuación:

-Pues buena suerte maldito imbécil, mátame si quieres, pero no te será fácil encontrar un bloque de cemento en el océano.

Con ésas últimas palabras, firmó su sentencia de muerte conmigo. Sentía cómo si unos tambores de volumen infernal retumbaran en mi cabeza, insoportables, y sabía que no pararían… no me dejarían en paz hasta que no acabase con aquel despreciable ser. Ya no había excusa que lo mantuviera en este mundo… entonces envié la pequeña pieza de plomo directamente a su cerebro. Sentí angustia, porque era sumamente injusta una muerte así para aquel cerdo… instantánea, sin dolor… pero no podría entretenerme, o jamás saldría del lugar con vida. Guardé todo aquel rencor que había surgido súbitamente en mí, y me largué lo más rápido posible, tratando de no llamar demasiado la atención.

Bajé las escaleras, y cuando crucé el telón pesado de terciopelo el patovica que guardaba la entrada al sector “privado” me tomó de la solapa del saco, pues vio salir unos cinco minutos antes, sola, a la chica de azul con la que había entrado. Puse mi mano en su cara, y lo empujé hacia atrás, haciendo que desapareciera detrás de la barra. Comencé a correr hacia la salida, empujando gente al trazarme un camino. Y de pronto me di cuenta de lo idiota que había sido: le había dado mi coche a aquella chica. ¿Cómo lograría volver? Desesperado, salí hasta la acera como pude. Miré hacia ambos lados, tratando de tomar una decisión y para mi alivio y sorpresa, el vestido azul, junto con la bella mujer que lo llevaba, me esperaban dentro del coche en el asiento del pasajero, en el mismo lugar donde lo había dejado estacionado antes de entrar. Me subí rápidamente y me alejé del lugar, sintiendo una gratitud suprema hacia aquella joven.

-Soy Asami Yui, ¿y tú? –dijo de pronto, acercándose un poco.

-Es mejor que no lo sepas –contesté de mal modo, aunque no se me escapó el detalle de que Yui era un nombre precioso- ¿Por qué me esperaste? Creí decirte que te fueras ¿verdad?

-No me pareció divertido irme sin ti –me contestó sonriendo, aunque esta vez me fue imposible prestarle atención a su apariencia, o su coqueteo. Me sentí muy paranoico durante todo camino de vuelta.
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Editado por Moichatelas en 26-nov-2008 a las 06:20 .
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Viejo 26-nov-2008   #4
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Predeterminado Re: El Hijo de la Noche [1/??]

hay no se me encantan tus fanficts
este me dejo con la curiosidad de saber que pasa con los dos jovenes
quiero leer lo que sigue!!
y sigue escribiendo mas
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Viejo 29-nov-2008   #5
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Predeterminado Re: El Hijo de la Noche [3/??]

EL capítulo 4 está en un mmmmmmmmmm 80%

Para el/la que le interese, le digo jejeje

sale en un rato, o mañana

=)

Pd. ¿En serio te gusta este ciel? Este me gusta mas que el otro que tengo. Estoy reuniendo gente extraoficialmente para intentar llevarla a manga... al menos que sea un boceto de manga :P
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Viejo 29-nov-2008   #6
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Predeterminado Re: El Hijo de la Noche [3/??]

Cita:
Moichatelas menciono anteriormente Ver mensajes
EL capítulo 4 está en un mmmmmmmmmm 80%

Para el/la que le interese, le digo jejeje

sale en un rato, o mañana
en serio esta en proceso?
este en particular me parecio interesante y queria seguir leyendolo pero que se va hacer hay que esperar; quiero seguir leyendo tus obras


Cita:
Moichatelas menciono anteriormente Ver mensajes
Pd. ¿En serio te gusta este ciel? Este me gusta mas que el otro que tengo. Estoy reuniendo gente extraoficialmente para intentar llevarla a manga... al menos que sea un boceto de manga :P
no entendi lo que quieres decir, pero se oye intresante eso de llevar tu obra al manga
saludos
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Predeterminado Re: El Hijo de la Noche [3/??]

Cita:
ciel menciono anteriormente Ver mensajes
no entendi lo que quieres decir, pero se oye intresante eso de llevar tu obra al manga
saludos

Bueno, es lo que dije... que con muy buena calidad de dibujos, o bien con gente que solo tenga ganas y buena predisposición, intento llevar mi historia al manga.

Sé que tiene mucho diálogo que no podría salir todo en el manga, pero yo mismo estoy encargándome de adaptarlo, así como pensar mas o menos qué iría y que no, al transportar lo escrito a lo gráfico. Eso era más o menos lo que quería decir yo con todo eso.

Hoy en la noche sale el 4to. Gracias por leer, y si conoces de gente que le pueda interesar la propuesta... ya sabes.
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Viejo 01-dic-2008   #8
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Predeterminado Re: El Hijo de la Noche [3/??]

Capítulo 4 (Versión Beta, sin una revisión exhaustiva